En los últimos años, los términos prebióticos y probióticos se han vuelto habituales en la conversación sobre salud intestinal. Aunque suelen mencionarse juntos, su función en el organismo es muy diferente.
Comprender la diferencia entre prebiótico y probiótico es esencial para aprovechar sus beneficios de manera adecuada y con fundamento científico. A continuación, te la contamos.
¿Qué son los probióticos?
Los probióticos son microorganismos vivos que, cuando se administran en cantidades adecuadas, confieren beneficios a la salud del huésped. Así lo define la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Estos microorganismos —principalmente bacterias de los géneros Lactobacillus, Bifidobacterium y algunas cepas de Saccharomyces— actúan equilibrando la microbiota intestinal y reforzando la barrera intestinal.
Ejemplos de alimentos con probióticos naturales:
- Yogur con fermentos activos (Lactobacillus bulgaricus, Streptococcus thermophilus).
- Kéfir, kombucha y chucrut.
- Miso o tempeh (en dietas de base vegetal).

Evidencia científica:
Diversos estudios han demostrado que ciertas cepas probióticas pueden ayudar en el tratamiento complementario de trastornos gastrointestinales como el síndrome del intestino irritable (SII), la diarrea asociada a antibióticos y algunas infecciones intestinales. Sin embargo, los beneficios dependen de la cepa específica y la dosis, no de la cantidad total de bacterias.
¿Y los prebióticos?
En cambio, los prebióticos no son microorganismos vivos, sino sustratos alimentarios que estimulan selectivamente el crecimiento o la actividad de bacterias beneficiosas ya presentes en el intestino. Son, en otras palabras, el alimento de los probióticos.
Ejemplos de alimentos con prebióticos:
- Fibra soluble (inulina, fructooligosacáridos, galactooligosacáridos).
- Ajo, cebolla, puerro, espárragos, alcachofas.
- Plátano, avena y legumbres.

Evidencia científica:
Estudios recientes (por ejemplo, en Nutrients, 2023) confirman que los prebióticos contribuyen a mejorar la diversidad microbiana, regular el tránsito intestinal y modular la respuesta inmunológica. Además, pueden favorecer la absorción de minerales como el calcio y el magnesio.
¿Cuándo tomar probióticos y prebióticos con suplementos?
Aunque una dieta equilibrada y rica en fibra debería ser suficiente para mantener una microbiota saludable, existen situaciones en las que la suplementación puede ser beneficiosa, siempre bajo supervisión profesional.
Vamos a ver cuándo tomar probióticos y prebióticos a través de suplementos es recomendable:
- Tras tratamientos con antibióticos.
- En personas con alteraciones digestivas (SII, colitis, disbiosis).
- En momentos de alto estrés o cambios dietéticos bruscos.
- En deportistas con alta carga física o dietas restrictivas.

En el caso de los probióticos, es clave elegir productos con cepas estudiadas clínicamente y conservarlos adecuadamente (algunos requieren refrigeración). Los prebióticos en suplementos —como la inulina o los FOS— deben introducirse de forma gradual para evitar molestias digestivas.
Conclusión
Los prebióticos y probióticos trabajan en sinergia: los primeros nutren a las bacterias beneficiosas, y los segundos las aportan directamente. Su inclusión en la dieta, ya sea a través de alimentos o suplementos bien elegidos, puede contribuir al equilibrio intestinal y al bienestar general.
No obstante, la evidencia científica actual recalca que no existe un “probiótico universal”: el éxito depende de la personalización y del contexto clínico.
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