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Memorias de Paco Bautista: El sueño de una noche. Parte 2.

Empecé la preparación para debutar como profesional. La elección ya estaba hecha, la competición sería en mayo en el Night of Champions en Nueva York. Tenía ganas de empezar, había mucho trabajo por hacer y quería dedicarle el tiempo necesario para hacer la mejor preparación hasta el momento. Hasta ahora estaba contento con la evolución de mi físico pero no era suficiente para ser competitivo en EEUU en la División Profesional. Visualicé una y mil veces el físico que quería conseguir para esta competición. Necesitaba más tamaño, más forma, más separación y mejorar los grupos musculares más rezagados… uff ¡casi nada!

La motivación era tan fuerte y tan grande que ni un solo momento dudé de mi capacidad para afrontar tal reto. Entrené todo cuanto pude y con toda la intensidad posible, 6 o incluso 7 días por semana mañana y tarde, bueno, y la noche también porque es cuando me iba a subir escaleras jajaja. En aquel entonces entrenaba el cuerpo en 3 días y repetíamos cada grupo muscular dos veces por semana. Me resultaba difícil contar las series para cada grupo muscular, me acababa perdiendo y simplemente terminaba cuando ya no podía más.

El apoyo de Juan Marco fue total. Abría con él su gimnasio a las 9:00 de la mañana, terminaba mi primer entrenamiento sobre la 13:00 y a las 17:00 comenzaba mi segundo entrenamiento y duraba hasta las 21:00. Entre las 00:00 y la 01:00 de la noche tocaba sesión de escaleras, las ya famosas escaleras de Can Franquesa, un barrio en plena montaña al lado del Anaques. Era un tramo de unos 500 escalones aproximadamente, con frío, calor, lluvia, incluso con nieve. No había excusas para Juan, con todos sus atletas era estricto pero conmigo aún lo era más.

Los entrenos eran muy pesados e intensos y acababan haciéndose casi maratonianos, lo que para muchos hubiese sido el mismo infierno, para mí era el cielo, mi propio paraíso, mi vida. Cada día suponía un reto, la dieta, los entrenos salvajes que me encantaban y eso acabó forjando mi personalidad, mi carácter y me hizo ser la persona que soy hoy en día. Nunca supuso un sacrificio para mí, de hecho, detesto la palabra sacrificio cuando va unida a deporte de élite. Si para ti supone un gran sacrificio entrenar hasta la extenuación y mas allá, no te dediques a la competición, porque un verdadero atleta disfruta con eso, porque eso es tu vida, tu pasión, tú todo. Esa es la esencia de lo que llaman la vieja escuela y yo me siento muy orgulloso de pertenecer a ella.

A pesar de toda la motivación, ganas, y entusiasmo no fue una preparación fácil. Hubo muchos altercados y contratiempos, entre otros, recuerdo que sufrí 5 roturas fibrilares en los isquiotibiales, pero a pesar de todo seguimos trabajando en nuestro objetivo.

La fase de volumen fue excitante, llegamos a un peso máximo de 134 a 135 kilos con un porcentaje de grasa bastante bajo para ese peso, que sensación más buena la de verte grande, fuerte, poderoso y con un nivel de grasa bajo. Estaba contento, la cosa iba bien, pero quedaba mucho por hacer, esto no es como empieza, sino como acaba.

Conforme pasaban las semanas íbamos recortando calorías para reducir nuestro nivel de grasa. Cuando Juan y yo diseñamos la estrategia de nuestra preparación lo teníamos muy claro, quizá hubiese algún rival más grande pero no habría ninguno más seco que yo. Se acercaba la fecha de competición y con ello también las dudas e inseguridades, ¿estoy realmente preparado para dar este gran salto?¿Estaré al nivel de los mejores profesionales? Siempre he sido extremadamente exigente conmigo mismo y quería más, más tamaño y más sequedad, pero llegó la hora y ya no había marcha atrás, Nueva York nos esperaba.

Llegamos al Beacon Hotel en Broadway y empezamos a alucinar, la recepción del hotel estaba llena de periodistas y fotógrafos del medio incluso alguna televisión local, fue espectacular, esto era la División Profesional del culturismo. En el Meeting de atletas fue cuando vimos a todos los competidores: Markus Rühl, Paul Dillett, Bob Cicerillo, Tom Prince, Melvin Anthony, Craig Titus, Darrem Charles y Gustavo Badell, éramos un total de casi 40 competidores y había tres filas sobre el escenario porque no cabíamos. Llegó la hora de la verdad, estaba muy nervioso pero también muy feliz por estar encima de aquel escenario, pose y apreté como si mi vida dependiera de ello, habíamos trabajado mucho para llegar a esto y era el momento de la verdad. Disfruté muchísimo de aquella competición y cuando llegó la entrega de trofeos aún más, fui el tercer clasificado en uno de los campeonatos más importantes de la liga profesional y automáticamente clasificado para el Mister Olympia de ese mismo año y todo esto en mi debut como profesional, ¡¡¡guauuu!!! Que alguien me pellizque para comprobar que esto no es un sueño.

Recuerdo que a la salida del teatro había una multitud asombrosa de gente, ¿no se había marchado nadie? Todo el mundo felicitándome haciéndome fotos. También recuerdo que tardamos casi una hora en dar media vuelta a la manzana para llegar a la puerta del hotel, fue algo increíble. Al día siguiente, sesiones de fotos y entrevistas para los sponsors. Físicamente estaba destrozado y cansado pero con el subidón eres capaz de aguantarlo todo.

Ya de vuelta en el aeropuerto de Barcelona tuve un recibimiento de todos los compañeros y amigos con pancartas, no me lo podía creer y todo esto por mí, algo espectacular.

El sentimiento fue increíble, una gran satisfacción personal por el trabajo duro y bien hecho. Ahora tocaba otro reto, había que competir en el mejor campeonato de culturismo de la historia, el Mister Olympia.

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