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Hacer ejercicio resfriado, ¿combinación imposible?

Hacer ejercicio resfriado, ¿combinación imposible? A lo largo de estos días de constantes cambios de temperatura es muy común sufrir resfriados que trastocan nuestra rutina y ponen a prueba los entrenamientos.

¿Te encuentras en una situación similar? Pues presta atención porque te vamos a contar cómo mantener una rutina de entrenamiento que no represente un riesgo para la salud por estar resfriados.

¿Hacer o no hacer ejercicio?

Se estima que los adultos nos resfriamos como promedio de dos a tres veces al año —cifra que puede aumentar si somos propensos a las alergias ambientales—, por lo que en no pocas ocasiones nos hallamos ante la disyuntiva de si debemos o no practicar ejercicio a pesar de los estornudos, la secreción y la congestión nasal.

Existen situaciones en las que la pauta médica establece un límite claro a partir del cual el deporte resulta contraproducente y está contraindicado: cuando se tienen síntomas propios de un proceso gripal como el dolor muscular y de pecho, el dolor propio de las anginas y, por supuesto, en caso de fiebre.

Sin embargo, hay otras en las que hacer ejercicio —un estimulante natural del sistema inmunológico— resulta realmente beneficioso para superar este tipo de procesos víricos. Todo depende de nuestros síntomas, su intensidad y hasta de su ubicación.

La regla del cuello

Una regla bastante conocida resulta muy útil estos días para ayudarnos a decidir cuándo podemos o no practicar deportes si nos sentimos enfermos. Identificada como “regla del cuello” esta herramienta divide al cuerpo humano y a los síntomas de esta afección en dos categorías:

Arriba del cuello

Si nuestros síntomas se ubican por encima del cuello, —aislados: congestión, dolor de garganta o estornudos —, podemos practicar deportes. No obstante, lo recomendable es no abusar con la intensidad. Sea cual sea el ejercicio a realizar debe tener una intensidad leve o moderada y no debemos excedernos en el tiempo de entrenamiento.

Trotar, andar o rodar en bicicleta menos de una hora, iniciar cada sesión de manera suave y progresiva, escuchar a nuestro cuerpo para subir intensidad o reducirla hasta detener el ejercicio, son elementos a tener muy en cuenta.

Cuando a pesar del resfriado nuestro nivel de energía lo permita, incluso podemos ir al gimnasio. Pero en ningún caso se recomienda realizar ejercicios de pesas de alta intensidad, o series de bicicleta, carrera o actividades dirigidas con alta deuda de oxígeno.

Debajo del cuello

Si por el contrario nuestros síntomas se ubican por debajo del cuello con tos, dificultad para respirar, opresión en el pecho, náuseas, vómitos, diarreas, fiebre o dolor en las articulaciones, debemos hacer caso estricto a la opinión de los médicos y omitir todo entrenamiento.

Estas señales pueden ser indicativas de una infección más grave que, además de imposibilitar que asimilemos una rutina de entrenamiento de baja intensidad, podría ponernos en riesgo de sufrir problemas respiratorios, deshidratación y mareos. Incluso, como consecuencia de la pérdida de concentración que acompaña a estos estados gripales, podríamos sufrir un accidente al utilizar alguna de las máquinas del gimnasio.

De ahí que, principalmente en estas situaciones la dieta, el reposo y la hidratación resultan claves para superar la afección y reincorporarnos cuanto antes y de la mejor manera posible al entrenamiento. ¡Hacer ejercicio resfriado no es una combinación imposible!

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